VIDA DE FINCA. SEMANA 7 2019

El trabajo agrícola se ha basado siempre en la habilidad de copiar la mayor cantidad de variables que siempre han estado presentes en la naturaleza, para  lograr que las cosas sucedan. Re-crear praderas buscando engordar animales, alimentarlos para alargar los períodos de lactancia a nuestro beneficio o darle a las plantas los nutrientes ideales para obtener los mejores rendimientos y productos. Y gran parte del éxito de esta relación naturaleza-hombre, desde este lado de la ecuación, depende nuestra capacidad de pensar “naturalmente” ; esto quiere decir que tan buenos somos copiando los esquemas naturales, tratando de entender las millones de relaciones en un sistema biológico dado, para llegar a unas dinámicas los más balanceadas posible, lo más cercanas al modelo original. La gran diferencia entre una aproximación agroecológica y una agroindustrial está en la actitud frente a la situación. En la primera, cada acción está guiada por respeto y humildad frente al modelo a seguir. En la segunda, la actitud es muy cercana a un personaje, ya clásico, de “ud no sabe quién soy yo”, donde básicamente el mensaje es, estoy por encima de usted en conocimiento e intelecto y YO se todo acerca de ...prácticamente todo. Hace un mes , cosechamos en la finca el primer lote piloto de papa criolla, con prácticas limpias. El rendimiento (es decir, la cantidad de kgs producidos por área) fue muy lejano al rendimiento promedio de un cultivo agroindustrial. Los tamaños de las papas también estuvieron distantes del ideal para venta a una cadena. Pero el “éxito” a nuestra manera de ver, se dio a niveles que  van más allá de los raseros de sacar la mayor cantidad de producto, en la menor cantidad de tiempo, con la menor inversión económica y de horas hombre. En general, la papa de supermercado, ha sido sembrada en lotes a los que se les aplica Round-up o Glifosato, el polémico best-seller global en ventas que mata las hierbas (y todo lo demás incluído). Después, durante el crecimiento de la planta hasta su cosecha, se fumiga hasta 25 veces con fungicidas, herbicidas y pesticidas químicos. Es común ver en los cultivos cundi-boyacenses, grupos de enmascarados caminando entre los surcos, y en el aire, flotando, un olor intensamente químico. Los efectos de este manejo, tanto al interior de la tierra y fuentes de agua, como en las personas que trabajan en estas operaciones, y al final en la salud del consumidor final (no, esto no se quita con una lavada en el lavaplatos), todos estos efectos colaterales, son irrelevantes en una perspectiva estrictamente económica de inversión-ganancia rápida. Al final, la variable que a nuestro juicio es la más difícil de conciliar entre una visión “natural” y una visión “agroindustrial” es la variable tiempo. Tiempo para observar y analizar con detenimiento el subsuelo, el tipo de semilla, el momento ideal para sembrar. Tiempo para desyerbar, sin atajos químicos. Tiempo para investigar y explorar con fertilizantes, herbicidas y fungicidas limpios. Y si lo vemos en términos de ganancia (capítulo importantísimo para hacer sostenible cualquier tipo de proyecto), ese tiempo invertido se amortiza en suelos mucho más productivos a futuro, y mejor calidad de vida para trabajadores y consumidores, y lo último y no menos importante, en un producto con un sabor inigualable. Los dejo porque tengo un plato de papitas criollas Deveras (o sea de verdad), esperándome en el comedor.

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Michel PinedaComentario